martes, enero 23, 2018

Los 7 tipos de acoso y sus características

Los 7 tipos de acoso y sus características

Esta clase de ataques contra víctimas puede adoptar diferentes formas.


Cada vez son más los casos de acoso que salen a luz, en la mayoría de los cuales las víctimas han sido el blanco de una serie de conductas y comportamientos vejatorios llevados a cabo por otra persona conocida como agresor o acosador.
Pero es acoso puede tomar muchas formas y darse en una gran variedad de contextos. Por lo que a lo largo de este artículo hablaremos de los diferentes tipos de acoso, así como de las principales motivaciones de los acosadores y de las consecuencias para la o las víctimas.
¿Qué es el acoso?
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su última versión, el concepto “acoso” hace referencia, entre otras a cosas, a la acción de “perseguir, sin darle tregua ni reposo, a un animal o a una persona”, así como también al acto de “apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos”.
De estas acepciones podemos considerar al acoso como una conducta de naturaleza ofensiva y perturbadora en la que la persona acosada experimenta sentimientos de angustia y malestar.
Para que una conducta sea considerada como acoso debe comportar un desequilibrio de poder entre las personas involucradas. Es decir, entre acosador y acosado. Además, estos comportamientos deben de repetirse a lo largo del tiempo, llegando a desencadenar graves consecuencias en el acosado, tanto físicas como psicológicas.
Por lo tanto, las dos características principales que debemos tener en cuenta a la hora de juzgar una conducta como acoso son:
·         Repetición: las conductas llevadas a cabo por el acosador deben de haber sido llevadas a cabo más de una vez o pueden ser susceptibles de ocurrir más veces.
·         Desequilibrio: la persona acosadora utiliza su poder (físico, psicológico, social, etc.) para ejercer un control o perpetrar una serie de conductas perjudiciales a la persona acosada.
Los 7 tipos de acoso
Existen diferentes tipos de comportamientos que pueden ser consideradas como acoso y que están legalmente contempladas como tal. Estos tipos de acoso son los siguientes.
1. Acoso escolar o bullying
Uno de los tipos de acoso más conocido y que más se está dando en los últimos años es el acoso escolar. Este puede ser también conocido como hostigamiento escolar o maltrato escolar.
El acoso escolar consiste en cualquier tipo de maltrato o agresión psicológica, verbal o física llevada a cabo dentro del ámbito escolar, aunque no necesariamente dentro de las aulas. Es decir, para que sea considerado como bullying, debe existir una relación que implique que ambos menores comparten el espacio escolar.
Este tipo de maltrato escolar se distingue porque el acosador intimida de manera reiterada a la víctima, lo cual implica un abuso de poder en tanto en cuanto es llevada a cabo por un agresor o un grupo más fuerte (aunque esta fortaleza sea tan solo percibida por la víctima).
Las consecuencias de este maltrato pueden ser tanto físicas como psicológicas. Dentro de las cuales se incluyen:
·         Temor de asistir a la escuela.
·         Ansiedad y nerviosismo.
·         Depresión.
·         Aislamiento.
·         Suicidio.
Las personas que más riesgo corren de sufrir acoso escolar suelen ser o bien menores con algún tipo de diversidad funcional, o bien aquellos que son percibidos como diferentes por el resto.
2. Acoso laboral o mobbing
El acoso laboral o mobbing consiste en una forma de maltrato que se da dentro del espacio de trabajo.
Este acoso, que puede ser llevado a cabo por una o más personas, se produce especialmente a nivel psicológico a través de conductas como mofas, amenazas, propagación de falsos rumores, desaires o apartando a la víctima del resto del grupo.
A pesar de lo comentado anteriormente, existe la posibilidad de que el acoso acabe por incurrir en conductas violentas, considerándose así un caso de mobbing con agresión.
Como consecuencia, el ámbito laboral se convierte en una potente fuente de estrés que puede llegar a convertirse en crónico e incluso a desencadenar un trastorno de estrés post-traumático (TEPT).
3. Acoso psicológico
También conocido como acoso moral, este tipo de acoso consiste en conductas vejatorias y que atentan contra la dignidad e integridad moral de la persona con la finalidad de desequilibrarla psicológicamente.
En la mayoría de ocasiones los comportamientos pueden llegar a ser tan sutiles que ni tan solo la víctima es consciente de ellas. El acosador ejerce una influencia negativa en la víctima mediante mentiras, palabras o difamaciones, así como mediante la deformación de la realidad.
Inicialmente, el acoso genera una sensación de inestabilidad en la víctima la cual acaba por perder la confianza tanto en ella misma como en los demás, generando una sensación de indefensión y ansiedad que puede derivar en depresión y suicidio.
4. Acoso sexual
Por acoso sexual se entienden todo aquel tipo de conductas intimidantes o coercitivas de naturaleza sexual.
Este tipo de agresiones pueden ser físicas, verbales o no-verbales e incluyen:
·         Actos de violencia física, tocamientos o acercamientos no deseados por la víctima.
·         Comentarios o apelaciones al aspecto físico o vida privada de la víctima, así como supuestos cumplidos o piropos.
·         Gestos de naturaleza sexual y silbidos.
Todas estas conductas pueden tener distintos de grados. Desde conductas levemente molestas para la persona acosada, hasta abusos graves con la finalidad de derivar en un posible acto sexual.
5. Acoso físico o stalking
En quinto lugar se encuentra el acoso físico que consiste en perseguir de manera constante e invasiva a la víctima con la finalidad de establecer un contacto contra la voluntad de esta.
El orígen de este tipo de acoso suele radicar en algún tipo de obsesión que el acosador desarrolla hacia la otra persona, llevando a cabo conductas como:
·         Espiar a la víctima.
·         Perseguirla.
·         Realizar llamadas telefónicas o intentos de contactar con ella.
·         Amenazarla.
·         Conductas violentas hacia la persona acosada.
6. Ciberacoso o ciberstalking
También conocido como acoso virtual o cibernético, es el más contemporáneo de todos los tipos de acoso. En él, la persona o grupo acosador se sirve de medios de comunicación digitales o redes sociales para perpetrar una serie de ofensivas personales, propagación de información confidencial o falsos rumores.
La motivación principal de un ciberacosador es la de causar malestar y angustia psicológica y emocional en la víctima.
7. Acoso inmobiliario
Finalmente, uno de los tipos menos conocidos de acoso es el acoso inmobiliario. En este caso, son aquellas conductas llevadas a cabo por los propietarios de una vivienda o inmueble con la finalidad de que los inquilinos abandonen el domicilio o rescindan el contrato de alquiler en contra de su voluntad.
Estas conductas pueden ir desde el corte de los suministros de agua, luz o gas; hasta la negativa a efectuar reparaciones de la vivienda o provocar deterioros intencionados en esta.


https://psicologiaymente.net/social/tipos-de-acoso

lunes, enero 22, 2018

¿Cómo son las personas emocionalmente inteligentes?

¿Cómo son las personas emocionalmente inteligentes?

Algunos rasgos para conocer cuál es tu nivel de inteligencia emocional.

Hace tiempo que nuestra concepción acerca de lo que es la inteligencia no se ciñe a un buen desarrollo de las capacidades cognitivas clásicas. Hoy en día hablamos también sobre inteligencia emocional, una de esas facetas humanas que, a pesar de que a menudo son ignoradas y son difíciles de objetivizar, nos afectan en todos los ámbitos de la vida.
¿Qué es la Inteligencia Emocional?
Tal y como vimos en el artículo sobre inteligencia emocional, esta puede definirse como nuestra capacidad para gestionar nuestras emociones de manera adaptativa tanto a la hora de tomar decisiones como cuando necesitamos relacionarnos con los demás o regular nuestros estados afectivos. Sin embargo, como este tipo de inteligencia es difícil de medir y es difícil aislar los resultados de una buena inteligencia emocional, muchas veces se obvian este tipo de habilidades, considerando que todas las personas son más o menos capaces de gestionar sus emociones por igual o que, por el contrario, estas habilidades están codificadas en los genes y no se pueden modificar con la experiencia.
Sin embargo, la inteligencia emocional sí es algo que se puede mejorar con el tiempo, ya que es una de las muchas caras del aprendizaje y el potencial humano, y justamente por eso también existen diferencias entre personas que gestionan bien su efectividad y otras que aún no han aprendido todo lo que podrían. ¡Incluso es posible que algunas hayan estado aprendiendo a mejorar su inteligencia emocional sin saberlo!
Para situarte y saber en qué punto del desarrollo de la inteligencia emocional estás, aquí tienes un breve listado con las características de las personas emocionalmente inteligentes. A su vez, estos puntos te pueden servir para colocarte objetivos a la hora de entrenar en la gestión de las emociones.
10 características de las personas emocionalmente inteligentes
1. No persiguen sólo las recompensas a corto plazo
Este tipo de objetivos o "refuerzos" son el fundamento en el que se asientan, entre otras cosas, las adicciones y la procrastinación. Las personas emocionalmente inteligentes son capaces de no dejarse gobernar por la proximidad inmediata de una recompensa que a largo plazo no resulta beneficiosa.
2. Son capaces de reconocer sus propias emociones
También res resulta relativamente fácil relacionar estas emociones con su origen u orígenes, es decir, los factores principales que han hecho aparecer un estado emocional, sea positivo o negativo.
3. Conocen la importancia del discurso interior
No se limitan a interpretar sus experiencias de manera automática, tal y como se les presentan, sino que ponen esfuerzos por construir una interpretación útil de estas vivencias que les ayude a dirigir sus objetivos hacia una meta útil y mantener un estado emocional que no juegue en su contra.
4. Muestran buenas capacidades empáticas
Son capaces de conectar afectivamente con otras personas de manera rápida y con poca información. Esto las hace más proclives a establecer un diálogo constructivo.
5. Saben exteriorizar sus emociones
Tanto en un diálogo en tiempo real como en un escrito (¡independientemente de la calidad literaria de este!). Saben expresar, pues, su estado emocional en cualquiera de los lenguajes posibles.
6. Orientan sus acciones y sus pensamientos
Hacia la gestión de sus emociones. Saben de la importancia de los pensamientos hacia una adecuada salud mental y espiritual, y gestionan este punto en su favor.
7. Tienden hacia las actitudes positivas
Sin embargo, tampoco se dejan arrastrar por ellas, y saben implícitamente que no hay ningún estado emocional malo de por sí.
8. Los valores que rigen sus vidas son positivos y negativos por igual
Valores positivos para no caer en la crítica constante e improductiva, y valores negativos para no negar la realidad y reconocer los problemas cuando los hay. Sus acciones se fundamentan en la dialéctica de estos dos tipos de valores.
9. Están motivadas y saben motivar a los demás
Reconocen la importancia de las tareas con significado para las personas. Valoran la necesidad de la motivación intrínseca. Y, más importante todavía: son capaces de mantener motivados a sus compañeros. Tienen alma de líder.
10. Consideran al ser humano un ser emocional, no un autómata
Saben de la importancia de los estados afectivos en todas las áreas que tradicionalmente se han creído puramente racionales. Saben que las emociones dan forma a la toma de decisiones, la recuperación de recuerdos, la memorización, etc.
Concluyendo...

Hasta aquí esta lista sobre las características de las personas con buena inteligencia emocional. Recuerda que, tal y como ocurre en todo aprendizaje, nadie llega a encajar perfectamente en esta descripción (entre otras cosas, porque esta se puede interpretar de varias maneras) y que todo entrenamiento conlleva tiempo y cierto esfuerzo.

https://psicologiaymente.net/psicologia/personas-emocionalmente-inteligentes

sábado, enero 20, 2018

Los principales mecanismos de defensa

Los principales mecanismos de defensa


Todos enfrentamos problemas y conflictos a lo largo de la vida. En algunas ocasiones estas dificultades superan nuestros recursos psicológicos y, para protegernos, recurrimos a los mecanismos de defensa. No se trata de una estrategia consciente sino más bien de una carta bajo la manga que juega nuestro inconsciente cuando estamos en apuros (y sin siquiera pedirnos permiso).

El término lo usó por primera vez Freud, allá por el 1894, solo que en aquel momento habló de "formaciones defensivas para hacerle frente a ideas y afectos que nos resultan dolorosos e insoportables". Más tarde, Ana Freud definiría con mayor precisión estos mecanismos y describiría en detalle su funcionamiento.


 

¿Cómo funcionan los mecanismos de defensa?

Los mecanismos de defensa operan basándose en la disociación, en la divalencia, para establecer una distancia de seguridad entre lo que consideramos bueno y malo. De esta manera “eliminamos” la fuente de tensión, inseguridad o ansiedad. Son estrategias que nos permiten ajustarnos a determinadas demandas pero que en realidad no resuelven el conflicto de base ya que este permanece latente. De hecho, aunque los recuerdos o problemas estén desterrados de nuestra memoria consciente, continúan influyendo en nuestro comportamiento. 

Cuando ponemos en marcha un mecanismo de defensa es como si estuviésemos trabajando a media capacidad ya que la acción de nuestro “yo” se ve restringida, al no poder lidiar con la situación perturbadora. Obviamente, cuando el mecanismo de defensa desaparece, regresa la ansiedad y esta puede ser tan intensa que incluso puede generar estados psicóticos pero, por suerte, en la vida cotidiana estos casos son poco usuales ya que lo normal es que el mecanismo de defensa desaparezca cuando nuestro “yo” esté preparado para hacerle frente al conflicto.
Los mecanismos de defensa pueden tener un carácter primitivo o, al contrario, ser muy elaborados. Mientras más primitivo sea el mecanismo, más eficaz es a corto plazo para lidiar con la situación ya que normalmente la esconde por completo. Sin embargo, también es muy ineficaz a largo plazo ya que no nos permite ir elaborando los recursos que necesitamos para hacerle frente a la situación.


Los 10 mecanismos de defensa más comunes

1. Negación. 
Consiste en refutar la realidad o determinado hecho porque este es demasiado doloroso, de manera que la persona actúa como si no hubiese ocurrido o no existiese. Se considera uno de los mecanismos de defensa más primitivos ya que es característico de la infancia. Sin embargo, también es uno de los más comunes y lo usamos bastante en la vida cotidiana, por ejemplo, cuando no queremos aceptar una adicción, la pérdida de una persona querida o determinado trauma y actuamos como si el problema no existiese.

2. Represión. 
En este caso, nuestra mente simplemente elimina de la conciencia aquellos pensamientos, impulsos y sentimientos que le resultan perturbadores, que generan culpa o deseos que no se corresponden con nuestro sistema de valores. Al negar su existencia, logramos mantener un equilibrio emocional y nuestro "yo" no se ve obligado a luchar contra ideas o emociones que, en teoría, no deberían existir porque contradicen su forma de ser. El ejemplo clásico es la represión de determinados impulsos sexuales porque no calzan con los valores que supuestamente profesamos.

3. Regresión. 
Es cuando reactivamos conductas de etapas anteriores de la vida. Se produce cuando un problema nos desborda y nos vemos obligados a mirar atrás en la búsqueda de soluciones que en el pasado fueron útiles pero que en la etapa actual de nuestro desarrollo no son congruentes. El problema radica en que al mirar atrás también se activan todos nuestros miedos y angustias por lo que a menudo este mecanismo de defensa se manifiesta de manera destructiva. Un ejemplo es el del adulto que ante un problema en el trabajo, se niega a acudir al mismo y se encierra en su habitación (una conducta típicamente adolescente).

4. Desplazamiento. 
Se produce una redirección de una emoción o sentimiento (normalmente la ira) sobre una persona u objeto que no puede responder. Este mecanismo de defensa es bastante peculiar ya que se activa cuando no podemos expresar lo que sentimos y nos permite relacionarnos con esa persona sorteando las características negativas que nos molestan. Un ejemplo es cuando nos enfadamos con nuestro jefe pero como no podemos descargar la ira sobre él, terminamos peleando con nuestra pareja o tomándola con una mascota.

5. Proyección. 
Le atribuimos a otra persona sentimientos, deseos o motivos que son nuestros pero no reconocemos como propios ya que no queremos aceptarlos pues desequilibrarían la imagen que tenemos de nosotros mismos. Al proyectarlos sobre otra persona, nos sentimos aliviados y podemos mantener una relación sin tensiones con nuestro “yo”. Por ejemplo, una persona puede enojarse con su pareja y reprocharle que no le escucha cuando, en realidad, es él/ella quien no escucha pero no quiere aceptarlo.

6. Introyección.
 Es la asimilación de características de una persona, objeto o animal a nuestro “yo”. Podemos asimilar solo determinadas características o el objeto en su totalidad, en cuyo caso nuestro “yo” podría correr peligro pues sus verdaderas características se verían invadidas por formas de hacer y comportarse ajenas. Este mecanismo de defensa es muy común en los niños, cuando pierden a una persona querida o a su mascota y asumen algunos de sus hábitos o formas de comportarse. De esta manera, mantienen vivo el recuerdo y niegan lo ocurrido.

7. Racionalización. 
La persona intenta recurrir a argumentos lógicos para explicar determinados comportamientos, deseos o necesidades. Se trata de una especia de negación ya que en realidad estas razones no son válidas y con ellas la persona solo intenta no tener que enfrentar el conflicto. Un ejemplo es cuando a alguien le diagnostican una enfermedad degenerativa o grave y, en vez de expresar su dolor, rabia y tristeza, se centra en los detalles técnicos de un tratamiento que en realidad no es una cura. A través de las explicaciones lógicas, huye de los sentimientos y evita afrontar la situación.

8. Formación reactiva. 
En este caso la persona se suele comportar de manera diferente a como piensa y siente en determinadas circunstancias. Lo que hace es exacerbar los aspectos positivos vinculados a la situación de manera que estos escondan los negativos (que son los que generan ansiedad y angustia). Por ejemplo, una persona que está molesta con su jefe, actúa de manera excesivamente amistosa con él. Lo que sucede realmente es que la persona no se siente capaz de expresar su insatisfacción e intenta ocultarlo (incluso a sí misma), actuando como si en realidad se sintiese muy satisfecha.

9. Deshacer lo hecho. 
En determinados momentos, perdemos el control y hacemos cosas de las cuales nos arrepentimos, cuando no logramos aceptar que nos hemos comportado de determinada manera, ponemos en práctica este mecanismo de defensa. Básicamente, intentamos volver atrás para deshacer un comportamiento o pensamiento que consideramos inaceptable o dañino. Por ejemplo, después de darnos cuenta de que hemos insultado a nuestra pareja, pasamos la hora siguiente exaltando sus virtudes en vez de, simplemente, pedir disculpas. Al hacer esto creemos que desharemos la acción anterior y que la persona no tendrá en cuenta los comentarios que hemos hecho.

10. Compensación. 
Se trata de un mecanismo en el cual intentamos compensar las debilidades percibidas enfatizando las fortalezas que tenemos en otras áreas de nuestra actuación. Al centrarse en una fortaleza, la persona reconoce que no puede ser "buena" en todas las áreas de su vida y logra aceptar esa debilidad que antes le resultaba vergonzosa. Por ejemplo, una ama de casa puede compensar el hecho de que sea una mala cocinera enfatizando su habilidad para limpiar muy bien. Vale aclarar que siempre y cuando no exageremos nuestras fortalezas y habilidades, este mecanismo de defensa es positivo porque nos puede ayudar a tener una mejor autoestima y a mejorar la imagen que tenemos de nosotros mismos pero debemos estar atentos a no exagerar.


https://www.rinconpsicologia.com/2014/08/los-principales-mecanismos-de-defensa.html

viernes, enero 19, 2018

¿Por qué sigue existiendo la discriminación hacia la mujer?

¿Por qué sigue existiendo la discriminación hacia la mujer?

Poca gente reconoce que discrimina, pero lo cierto es que el sexismo contra la mujer sigue ahí.


En pleno siglo XXI, los actos de violencia y discriminación hacia la mujer siguen siendo una lacra en nuestra sociedad. Concretamente en España, más de 1.000 mujeres han sido asesinadas desde 2001 a manos de su pareja o ex pareja, y 1,4 millones han sido víctimas de violencia sexual. Para apreciar la gravedad del asunto, no hay más que preguntar a las mujeres de vuestro entorno si en algún momento de su vida se han sentido acosadas o violentadas a nivel sexual por parte de un hombre.
A pesar de que en varios países se han podido hacer algunos avances en materia jurisdiccional y en igualdad, son muchos los elementos que reflejan que todavía queda mucho trabajo por hacer, sobre todo en materia de educación por la igualdad con perspectiva de género y la concienciación social.
Aunque el uso de la violencia y la discriminación hacia las mujeres parte de distintas causas totalmente variadas (factores individuales, causas interaccionales -como la transmisión transgeneracional de valores machistas y patrones de funcionamiento- y las causas institucionales) en este artículo nos vamos a referir de forma explícita a las causas culturales que sustentan y mantienen la discriminación y la violencia hacia las mujeres: el patriarcado.
¿Qué es el patriarcado?
Muchos creen que el patriarcado no existe, que es una exageración y/o una interpretación sesgada de la realidad. A nuestro entender, el patriarcado es una forma de organización social en la que los valores sociales asociados al género masculino tienen el poder y mantienen sometidos los valores asociados al género femenino.
De hecho, el machismo como cultura (y no como conducta) se protege a través del modelo patriarcal. El machismo es la construcción social que entiende las referencias masculinas como universales y como inamovibles, incuestionables. Por ello durante muchos años no ha existido una reacción social contundente y crítica hacia la violencia de género, hacia la discriminación o el acoso hacia las mujeres. El silencio y las justificaciones por parte del pensamiento machista son necesarios para la continuidad del patriarcado.
Parece sencillo, pero no lo es: ¿cómo se materializa el patriarcado? ¿En qué se traduce? ¿Cómo se evidencia en nuestras vidas? Un ejemplo muy clarificador, tomado de una gran entendida en el área como es Elena Garrido Gaitán, consiste en la película Matrix. El patriarcado sería como un conjunto de normas, valores y disposiciones materiales (distribución de la propiedad privada, por ejemplo) que nos cubre de forma constante desde que nacemos, es difícil de apreciar y de evidenciar, y está totalmente arraigado y universalizado en la sociedad, tan interiorizado que a veces se niega su propia existencia. Para poder “verlo”, es necesario hacer un ejercicio de concienciación.
Siguiendo el modelo del patriarcado, un hombre “de verdad” tiene pene, funciona con rol de género masculino y es heterosexual. La mujer, en cambio, tiene pechos y vagina, funciona con el rol de género femenino (de hecho, cuanto más femenina más “mujer auténtica”) y es heterosexual. Si algún hombre o mujer osan alejarse de este modelo se considera como no válido o no auténtico.
¿Qué tiene que ver el patriarcado con discriminación hacia la mujer?
Seguramente muchos os habréis preguntado cómo influye el modelo social del patriarcado en la aparición de dinámicas de violencia y discriminación hacia las mujeres. No es fácil responder a esta pregunta, pero lo vamos a intentar.
El patriarcado nos “construye” y moldea como hombres y mujeres, con nuestros derechos y obligaciones: el cómo debemos ser si pertenecemos a un sexo biológico u otro. Tenemos una especie de guión predeterminado de cómo debemos funcionar en una relación de pareja (hombres: fuertes, responsables, duros, no mostrar debilidad…; mujeres: entregadas y cuidadoras, afectuosas, sumisas y obedientes).
Son varios los elementos que pueden llevar al hombre y la mujer del modelo patriarcal a una crisis.
La infidelidad
Que la mujer le sea infiel al hombre supone una amenaza directa a su estatus de masculinidad y poder. En cambio, la seducción por parte del hombre hacia otras mujeres puede hacer aumentar su “poder” (paradójicamente, a la mujer rápidamente se la etiqueta de promiscua, como poco). Para ver este ejemplo en la sociedad, pensemos en los adolescentes: cómo reacciona el grupo de iguales con un chaval que ha ligado con 4 chicas en la misma noche; ahora imaginemos si la que ha ligado con 4 chicos es una chica.
El sexo
La eterna preocupación por el tamaño y el rendimiento masculino, así como el número de parejas sexuales. Además, gracias a la invisibilización de la masturbación femenina se seguía con la fantasía patriarcal de que solamente un hombre podía dar placer a una mujer (obviamente, con su pene).
La expresión de sentimientos
El hombre solamente puede expresar sentimientos que muestren su poder (alegría, rabia). Hay otras emociones que son juzgadas de forma errónea de “débiles”, como la tristeza, el miedo, etcétera. De hecho, muchos hombres muestran rabia cuando en realidad lo que les sucede es que están tristes, tienen miedo o sienten vergüenza.
Dinero
Este elemento es un alargamiento del poder masculino. Es un punto fundamental en el maltrato psicológico, donde es el hombre quien controla el acceso y la distribución del dinero. Es una herramienta de poder brutal, asociada a la perspectiva de género.
La pérdida de poder como pérdida de masculinidad
Como podemos ver, algunos hombres están en búsqueda constante de poder y de su mantenimiento. Pero… ¿qué puede suceder cuando sienten que ese poder está siendo amenazado o corre peligro?
Los últimos cuatro factores anteriores se podrían concentrar en este elemento fundamental para la génesis de la violencia de género: la pérdida de poder del hombre. Lo que está en juego es la masculinidad del varón, y aquí es donde radica el peligro. Desgraciadamente, algunos hombres utilizan la violencia como herramienta rápida (y totalmente desadaptativa) para retornar a la “normalidad” (su normalidad: seguir teniendo el poder que les otorga el modelo patriarcal dentro de la relación).
En los casos de violencia de género el hombre percibe a su víctima como una amenaza, un peligro que puede generar un desequilibrio de poder. En las primeras ocasiones es habitual que la forma de restablecer el poder sea de forma sutil (p. ej., con comentarios, con intentos de control sobre las rutinas de la víctima, silencios incómodos, manipulación, aislamiento…). El problema fundamental de los agresores consiste en la interpretación inadecuada de la amenaza (¿de verdad es tan amenazante que la mujer contradiga nuestro esquema de funcionamiento?, ¿por qué las cosas deben ser como uno ha aprendido desde su infancia o como reproducen nuestros modelos familiares?), así como en su respuesta violenta totalmente desadaptativa y desproporcionada.
En historias de violencia de género es habitual ver cómo la dinámica violenta se instauró de forma gradual ante eventos estresantes que supusieron una pérdida de control por parte del agresor: pérdida de trabajo (recordemos la importancia del dinero), infidelidad, nacimiento de un hijo o embarazo, abandono de la pareja...
Conclusiones finales: la socialización diferenciada
De forma casi automática, construimos nuestra identidad social desde bien pequeños en función del sexo biológico al que pertenecemos (pensemos por ejemplo en los típicos juegos de Navidad bien diferenciados para niños o para niñas), y se nos atribuyen una serie de expectativas de género determinadas. Es decir, yo (como mujer u hombre) sé lo que se espera de mí (a nivel emocional, cognitivo y conductual) en función de si soy mujer u hombre.
De esta manera, mediante la socialización diferenciada, basada en enfatizar las diferencias entre sexos, se normalizan dinámicas de discriminación a la mujer: no hace falta cuestionar la desigualdad, se asume que debe ser lo normal.

En que en realidad, los responsables finales de la transmisión del patriarcado a futuras generaciones somos nosotros mismos, a pesar de que éste nos envuelve desde el inicio de nuestra vida. Empezar crear sociedades más igualitarias y basadas en el respeto hacia los seres humanos, y no hacia los roles de género, pasa por modificar tanto nuestra manera de pensar como el modo en el que nos organizamos socialmente.

https://psicologiaymente.net/social/discriminacion-mujer