jueves, noviembre 16, 2017

Los 3 tipos de procrastinación, y consejos para dejar de posponer tareas

Los 3 tipos de procrastinación, y consejos para dejar de posponer tareas

Detrás del hábito de dejar las responsabilidades para mañana hay tres tipos principales de causas.


Muchas personas dejan para mañana lo que podrían hacer hoy, o lo dejan para la semana próxima o incluso más tarde.
La procrastinación es el hábito de demorar nuestros compromisos de forma irracional e improductiva. Genera mucho estrés y no pocas frustraciones.
Tal vez has intentando, sin éxito, ser fiel a tus propósitos, pero siempre acabas procrastinando, si a ti te ocurre esto, por favor, sigue leyendo porque este artículo te puede ayudar. En concreto, veremos cuáles son los diferentes tipos de procrastinación, y cómo afrontarlos.

¿Por qué dejamos las cosas para mañana?

Procrastinamos porque estamos divididos, nuestro cerebro es racional y esto se refleja en la división del sistema límbico y el córtex cerebral.
Tenemos un cerebro instintivo, rápido, enérgico y visceral que solo piensa en el ahora, que quiere las cosas ahora y al que no le importa el mañana, y tenemos otro cerebro, el racional, el reflexivo, el que piensa y analiza y le cuesta actuar, es más lento y más prudente, sabe a dónde quiere llegar y piensa en el futuro.
La procratinación es el resultado de la lucha entre cerebro emocional y el cerebro racional y cuando la voluntad de nuestra razón cede a los caprichos del instinto es cuando nos recreamos en la procrastinación.
Diferentes tipos de procrastinación
Este fenómeno depende de varios factores, por lo que existen distintos tipos de procrastinadores dependiendo del factor que mayor peso tenga en cada persona. Principalmente:
·         Expectativa: Baja confianza en uno mismo.
·         Valor: Dependencia de la recompensa y propensión al aburrimiento.
·         Impulsividad: No puede esperar.
1. Expectativa (nivel de confianza)
El exceso de optimismo nos lleva a la inacción, esperando sentados que ocurra un milagro.
Este optimismo, entendido como la dificultad atribuida a la tarea, se hace especialmente patente a la hora de estimar el tiempo que nos llevará cumplir nuestro objetivo (falacia de la planificación) y que finalmente suele resultar ser mayor que en nuestras estimaciones.
Solemos intentar calibrar el desempeño necesario para lograr el éxito con la mínima implicación posible: queremos la mayor recompensa con el mínimo esfuerzo. Existen procrastinadores por exceso y por defecto de optimismo, unos se creen más capaces de los que realmente son, esto les lleva al fracaso. Otros, y son la mayoría, más pesimistas, no son consciente de sus capacidades y ni si quiera llegan a intentarlo.
En el equilibrio está la clave, las tareas que resultan un desafío factible son las que más nos motivan para la acción.
Genera espirales de éxito
Si nos proponemos una serie progresiva de metas difíciles, pero en última instancia asequibles, maximizaremos nuestra motivación y le daremos al logro un significado, un reflejo de nuestra capacidad. Cada victoria laboriosamente conseguida da un nuevo sentido de nosotros mismos y un deseo de luchar por más.
En las primeras etapas de un proyecto complejo suele ser mejor tener metas de proceso o aprendizaje que de producto o resultado; es decir, las metas consisten en adquirir o refinar nuevas destrezas o pasos (el proceso) en vez de llegar a la nota más alta (el producto).
La esencia de la espiral de éxito es que el logro crea confianza, que a su vez se convierte en empeño que genera más logro.
Anímate con victorias vicarias:
Rodéate de gente animosa y optimista, las actitudes se contagian. Lo que otros creen puede influir en tu intención de actuar, no compartas tus planes con personas aguafiestas, hazlo con gente que confíe en ti y te anime a luchar por lo que quieres.
Las biografías de personas que tienen vidas inspiradoras y con las que uno puede sentirse identificado son potentes recursos que nos pueden ayudar. Mira películas de motivación, asiste a charlas de personas que han triunfado, forma parte de un colectivo que trata de mejorarse a sí mismo o mejorar la sociedad, como un voluntariado o crea tu propio grupo de apoyo.
Visualízalo
La recreación mental detallada de una actuación hace participar a las neuronas espejo, que la graban en el cerebro casi tan hondamente como si se estuviese realizando de verdad. No obstante, no te conformes con esto, ve más allá, después de imaginarte vívidamente a ti mismo cruzando la línea de meta de una carrera de 10 kilómetros haz un ejercicio de reflexión y sitúate en la realidad, en tu situación actual.
Observa ese contraste, dónde quieres llegar y dónde estás y piensa luego en lo primero que debes hacer para llegar a tu meta, ¿cuál es el primer paso? ¡Da ese paso!
Prevé lo peor y espera lo mejor
Evita el síndrome de la falsa esperanza, piensa detenidamente en qué podría salir mal, no para caer en el catastrofismo, si no para prepararte ante posibles contratiempos. Pedir una opinión ajena puede ayudar. Haz una lista de las formas en las que sueles procrastinar y tenerla en el campo de visión cuando estés trabajando.
Evita situaciones de riesgo: apaga el móvil y evita otras distracciones antes de ponerte a trabajar. En el trabajo hay que hacer pausas para no sobrecalentar el motor, pero parar cada rato hace que el motor se enfríe y tenga que calentarse otra vez.
Elaborar un plan de emergencia también puede ayudar: cuenta con alguien a quien llamar si sientes que puedes caer en la tentación para que te anime a mantenerte fiel a tu compromiso.
Acepta que eres adicto a la dilación
Asumir que un solo fallo conlleva un derrumbamiento de la voluntad puede resultar útil en algunas personas, como en el caso de alcohólicos anónimos. Sigue estas pautas:
·         Regístralo: Reflexiona sobre las veces que te has alejado del objetivo y anótalo.
·         Reconoce que la voluntad nos traiciona con autoengaños del tipo: “solo será esta vez”.
·         Ten presente que la primera dilación te permitirá justificar todas las demás.
2. Valoración (propensión al aburrimiento)
Ante este tipo de procrastinación, hay que hacer que las tareas se vuelvan motivadoras.
Convierte tus tareas en un juego, establece metas
Las tareas que odiamos están entre las que más tendemos a posponer, especialmente aquellas tareas repetitivas, monótonas y que son muy sencillas.
Conviértelo en un juego: haz que lo aburrido se vuelva difícil, debes lograr un equilibrio entre tu propia capacidad para desempeñar la tarea y la dificultad de la tarea en cuestión y así generar un estado de flow: un estado de máxima concentración e implicación en lo que estás haciendo.
Si te resulta demasiado difícil puedes frustrarte y abandonar, si es demasiado fácil te aburrirás y querrás dejarlo.
Crea una cadena de pequeños objetivos que sirvan para conseguir un fin a largo plazo, este fin debe ser algo motivador de manera que te resulte fácil pasar de eslabón a eslabón de la cadena. Resulta más sencillo barrer el comedor si esto forma parte de un plan más ambicioso: montar una fiesta en casa.
Fija los objetivos en positivo, reformula las metas de evitación en metas de acercamiento:
·         No te centres en lo que no quieres que pase, sino lo que se deseas. Esto motiva más.
·         Lograr un ascenso (acercamiento) es mejor que conseguir que no te echen (evitación).
Distribuye bien tu energía
El cansancio nos hace procrastinar, nos cuesta empezar si no tenemos energías, el autocontrol y la automotivación generarán desgaste. Reconocer que nuestras energías son limitadas nos ayudará a distribuirlas mejor.
No pases hambre, procura hacer las cinco comidas al día, lleva una dieta sana y equilibrada. Si te alimentas a base de chatarra no rendirás, tendrás poca energía y serás un blanco fácil de la procrastinación. Los frutos secos y los carbohidratos de cadena larga son tus mejores aliados, pero no olvides el resto de alimentos y beber agua.
Haz ejercicio cardiovascular, es imprescindible para mantenerte sano, enérgico y vital. Aumentará la eficacia de tu sistema inmune, no te enfermarás tan a menudo, te sentirás vigorizado y aunque puedas pensar que no tienes tiempo para eso basta con media hora tres veces a la semana y tu productividad (y tu salud) se verán muy beneficiados. Lo que cuesta es empezar, una vez lo conviertes en rutina lo difícil es dejarlo. Además, programa las tareas más pesadas cuando tengas el pico de energía (normalmente la mañana y mediodía).
Duerme las horas necesarias, normalmente los adultos dormimos entre 7 y 8 pero eso depende del caso de cada uno. Lleva una buena higiene del sueño, respeta horarios de ir a la cama y despertarse.
Respeta tus límites. Si después de todo lo anterior sigues sintiéndote cansado reduce tu exigencia o busca ayuda para cumplir con todo, pero no te excedas.
Si vas a procrastinar, hazlo bien
Muchas personas se ponen a limpiar la casa, ordenar el trastero o hacer todo tipo de cosas útiles pero que les distraen de lo que realmente deberían estar haciendo. En mi adolescencia tenía un compañero que su cuarto estaba especialmente ordenado en época de exámenes, porque en vez de estar estudiando, que es lo que debía hacer, se ponía a ordenar todo.
Fíjate en aquella tarea que deberías estar haciendo pero estás eludiendo (ej// estudiar). Establece otras tareas que, aunque no son tan importantes, también son necesarias y te apetece más hacerlas (ej// ordenar el escritorio mientras escuchas música).
Encuentra el equilibrio entre distraerte con estas tareas menos importantes y más agradables y aquella tarea principal de la que te estás escabullendo. Finalmente acabarás haciéndola, pero date un respiro haciendo otras tareas que te resultan más agradables.
Combina tareas desagradables con pequeños premios
Los procrastinadores no se premian a si mismos después de terminar su trabajo. Darse mensajes de elogio a uno mismo y palabras de ánimo es una técnica llamada "diligencia aprendida" también ayuda, incorpora esto en tu vida.
Haz una lista de pequeños premios que puedes darte: ir de compras, darte un desayuno digno de un rey, salir de marcha... lo que a ti te motive.
Prométete uno de estos premios cuando termines la tarea de la cual te estás escabullendo. Piensa en maneras de hacer que las tareas aburridas puedan ser más llevaderas: analizar la actualidad política tomando tu café favorito, hacer la colada escuchando música o estudiar álgebra en compañía de un amigo.
Haz de tu pasión tu vocación
No todo el mundo tiene el privilegio de dedicarse a aquello que realmente le apasiona, lo cual es una lástima, pues pasamos muchas horas de nuestra vida trabajando. Hay quienes no pueden elegir, por múltiples factores, pero si tú tienes la oportunidad de conjugar tu pasión con tu vocación no lo dudes, lánzate.
Si puedes dedicarte a hacer aquello que hace que todos los días te levantas de un salto de la cama para ponerte a trabajar sin duda acabarás triunfando en ese campo.
Además, sigue estos consejos:
·         Elabora una lista de aquellas profesiones en las que se hacen actividades que a ti te entusiasman.
·         Sé honesto contigo mismo: descarta aquellas que exceden tus posibilidades o que requieren capacidades que no tienes y/o no estás dispuesto a adquirir.
·         Clasifica las que aún no has descartado según la demanda del mercado laboral.
Si tienes dificultades en todo lo anterior ponte en contacto con un servicio de orientación laboral que sepa valorar eficazmente tus aptitudes, que sepan dirigirte hacia aquello en lo que eres bueno y tienes mayores probabilidades de triunfar.
3. Impulsividad (el elemento central de la procrastinación)
Todo lo anterior resulta útil pero lo que realmente nos sabotea es nuestra impulsividad, es la potencia de ese cerebro instintivo, que es más rápido e indómito que nuestro cerebro racional. Por eso, cuando pensamos “no debería haberme comido ese pastel” ya es tarde, porque el cerebro emocional es como un caballo encabritado que tiene mucha fuerza.
Aquí aprenderemos a valernos de ese otro caballo más bien adiestrado, nuestra razón, para que el carro se dirija hacia donde nosotros queremos y no hacia donde nos llevan nuestros impulsos.
Precompromiso: comprometerse ahora para prevenirte de las tentaciones.
Descubre cuáles son tus tentaciones (lo que te despista del objetivo y te hace perder tiempo). Haz una lista. Pon estas tentaciones fuera de tu alcance: pon el teléfono en modo avión cuando estás estudiando, instala un software que bloquee el acceso a Internet a ciertas horas del día...
No permitas que tus necesidades alcancen cierto límite, si necesitas echar una partida antes de ponerte a estudiar hazlo, la cuestión es que tu trabajo no se vea interrumpidoporque de repente ya no puedes soportarlo más y tienes que jugar.
Añade desincentivos a tus tentaciones para hacerlas repelentes, si por ejemplo prefieres quedarte en casa dormitando antes que ir al gimnasio entonces comprométete con un amigo a enviarle una fotografía de tu camiseta empapada después de la sesión de entrenamiento o de lo contrario le pagas una suma acordada.
Utiliza tu atención en tu beneficio
Aprende a manejar las distracciones, neutralizando sus efectos en tu voluntad. Para ello puedes valerte de tu atención:
Imagina consecuencias catastróficas si das rienda suelta a tus tentaciones, cuanto más vívidamente te imagines el desastre más repelente se hará y más fácil te resultará evadirlas. A esto se le llama sensibilización encubierta, si por ejemplo estás pensando en dejar de fumar puedes imaginar a tu familia llorando desconsolada alrededor de tu féretro en el tanatorio. Sí, es muy extremo, pero la cuestión es que te ayude a lograr lo que tú deseas.
Cuando aparezca una tentación céntrate en los aspectos más abstractos. Es más probable caer ante una hamburguesa con carne jugosa, queso fundido y pan crujiente que si te fijas en sus atributos más abstractos como la forma, el peso que crees que puede tener, etc.
Elimina, especialmente en tu puesto de trabajo, cualquier incitación que sea una alternativa de distracción y sustituye esas incitaciones por mensajes cargados de significado para ti, que te vinculen con tus valores o con el motivo por el cuál trabajas. La fotografía de tu familia o del próximo destino de vacaciones al cual quieres ir pueden ser buenos ejemplos.
Separa tanto como sea posible el lugar donde trabajar del lugar haces tus actividades de ocio. Si, por ejemplo, no tienes dos ordenadores, al menos crea dos perfiles con distintos fondos de pantalla, eso le dará la señal a tu cerebro de “hora de trabajar” u “hora de jugar”.
Fíjate objetivos concretos
Esta es el arma definitiva contra la procrastinación. Define tus objetivos de forma concreta, sabiendo con precisión ¿qué debes hacer? y ¿para cuándo?
Fragmenta las metas a largo plazo en metas a corto plazo. Si tienes que estudiar un manual de anatomía humana empieza por el capítulo que más te motive, primero uno, luego otro... no veas la meta en su conjunto, descomponla en pequeños objetivos.
Cuando te cueste mucho arrancar con un objetivo en concreto, proponte algo que sirva para “romper el hielo”, por ejemplo, si te propones ir al gimnasio pero te da una pereza terrible proponte únicamente ponerte el chándal, calzarte las deportivas e ir con la bolsa hasta la puerta del gimnasio, nada más. Una vez ahí puedes darte vuelta, pero cuando hayas dado el paso de salir de casa todo será cuesta abajo.
Organiza tus objetivos en forma de rutinas que se realicen regularmente, siempre en le mismo tiempo y lugar, así el hábito y la familiaridad con el espacio jugarán a tu favor.
Conclusión
La procrasstinación es un fenómeno complejo pues hay muchos factores implicados, nos vemos constantemente sumidos en una lucha interna entre el deseo y el deber y a veces nos saboteamos. “Conoce a tu enemigo”, conoce cómo funciona la procrastinación y las formas para vencerla y esto te ayudará a cumplir tus metas.

No lo dejes para mañana, pon en práctica estos consejos hoy mismo.



https://psicologiaymente.net/psicologia/tipos-de-procrastinacion

sábado, noviembre 11, 2017

Personas que no saben estar solteras: 5 motivos por los que siempre buscan pareja

Personas que no saben estar solteras: 5 motivos por los que siempre buscan pareja

Hay quienes buscan cualquier excusa para iniciar una relación, incluso aunque no se hayan enamorado.


Cuántos errores evitaríamos en las relaciones de pareja si supiésemos diferenciar entre el amor y el miedo a estar solos! Y es que si bien es cierto que el enamoramiento tiene un impacto emocional muy potente, los efectos de la necesidad de estar en una relación pueden ser más duraderos. En algunos casos, incluso, puede ser una fuente de angustia que perdura durante décadas o prácticamente toda la vida si no se hace algo al respecto.
¿A qué se debe que algunas personas no sepan estar solteras y anden constantemente buscando una relación de pareja? ¿Qué se puede hacer para salir de esta situación? Veámoslo.
Las personas que no saben estar solteras: ¿por qué lo hacen?
Existen diferentes motivos que llevan a las personas a no saber vivir la soltería con naturalidad o sin causar daño a otras personas. Estas son varias de ellas.
1. El mito de la media naranja
El amor romántico se basa en una serie de ideas distorsionadas acerca de cómo son y cómo deben ser las relaciones afectivas, y una de estas creencias desacertadas tiene que ver con el mito de la media naranja.
Según esta concepción del amor, somos personas incompletas hasta el momento en el que encontramos a alguien que nos complemente. De ahí que la soltería sea vista como una pérdida de tiempo y de recursos, la constatación de un fracaso, dado que es una etapa en la que por algún motivo estamos fallando a la hora de encontrar a la pareja que nos completará y nos hará felices.
A partir de este esquema mental, además, es muy fácil pensar en términos de “o blanco o negro” y atribuir todos los males que nos ocurren al hecho de no tener pareja. Si estando en una relación no aparece la felicidad, esto se interpreta como una señal de que no se está bien con esa persona, lo cual lleva a la ruptura y a la búsqueda inmediata de otra relación.
2. La necesidad de pasar por “monogamia en serie” para no sentirse mal
Aunque parezca mentira, hoy en día aún se sigue estigmatizando mucho la sexualidad fuera del matrimonio incluso en los países más avanzados y democráticos. El miedo a ser mal vistos por parte de los demás hace que algunas personas hablen de amor cuando en realidad quieren decir sexo, de modo que la soltería se asocia a tener una vida sexual nula.
Las personas que no saben estar solteras por este motivo, pues, en realidad no tienen los medios para vivir su sexualidad de manera plena y honesta, y aunque esto les pueda llevar a dar falsas esperanzas a otras personas, experimentan una represión que también les causa malestar a ellas.
3. Son víctimas del efecto rebote en el amor
Hay un tipo de relaciones de pareja que son conocidas como relaciones rebote, y que se caracterizan por ser en realidad una tapadera emocional para cubrir el vacío que ha dejado un ex. Dicho de otro modo, hay personas que no saben estar solas porque intentan encontrar una manera de experimentar otra vez lo que sintieron al estar con una persona determinada.
En estos casos, las nuevas relaciones que empiezan suelen durar poco a causa de los problemas que surgen en ellos; a fin de cuentas, se está utilizando a otra persona como “soporte para la imaginación” en una experiencia que tiene que ver más bien con simular una experiencia que con vivir el afecto real que alguien está expresando.
4. La presión social y la búsqueda de reputación
No hay que olvidar que el motivo por los que una persona no se lleva bien con la soltería no tiene por qué estar fundamentalmente en ella misma; el contexto social influye mucho.
Actualmente, especialmente en círculos sociales en los que predomina la gente muy joven (adolescentes y post adolescentes), no tener pareja durante mucho tiempo puede ser un motivo de burlas. Algo que, independientemente de si nos importa o no lo que opinen de nosotros, tiene consecuencias para la vida de quien corre este peligro: recibir peor trato, tener menos apoyos sociales, etc. Sin embargo, también puede ocurrir lo contrario, buscar la fama ostentando la cantidad de amantes que se tiene (algo más típico de los hombres, ya que las mujeres sí pueden ser estigmatizadas por esto).
Como reacción a la posibilidad de quedarse solo tanto en el amor como en prácticamente cualquier ámbito social, muchos jóvenes se lanzan a conseguir pareja sin prestar demasiada atención a si de verdad sienten algo intenso por el o la amante.
5. La búsqueda de poder
No hay que olvidar que algunas personas tan solo buscan tener relaciones de pareja como pretexto para estar en una situación en la que pueden dominar a alguien fácilmente, manipulándolo y disponiendo de intimidad. Para ello, buscan personas proclives dejarse dominar si se dan ciertas condiciones e inician una relación basada en la manipulación y el maltrato psicológico o físico.
La anuptofobia, llegando al trastorno mental
En la mayoría de los casos, las personas que no saben estar solteras son capaces de hacer que haya cierto orden en sus vidas y no están obsesionadas constantemente con ese problema. Sin embargo, existen casos muy extremos en los que el miedo a la soltería se convierte en una forma de fobia. Este fenómeno es conocido como anuptofobia.
En estos casos, la persona siente una sensación de pérdida de control que le lleva a tener momentos de crisis causadas por el pensamiento recurrente de no tener pareja o de llegar a tener pareja. Es necesario pasar por un programa terapéutico que permita volver a la normalidad haciendo que esta clase de miedos y pensamientos recurrentes aparezcan cada vez con menos frecuencia.

https://psicologiaymente.net/pareja/personas-no-saben-estar-solteras


jueves, noviembre 09, 2017

12 cosas que hacen las personas felices

12 cosas que hacen las personas felices

Estos son los hábitos que realizan en su día a día quienes han aprendido a disfrutar de la vida.


Uno de los objetivos vitales que tenemos todos los seres humanos es ser felices, pero pensar que podemos estar en este estado las 24 horas del día los 365 días del año no es realista.
Ahora bien, hay personas que actúan de cierta manera y hacen cosas para ser felices la mayor parte del tiempo... y les funciona. Sus acciones y su actitud hacia la vida hacen que, pese a tener altibajos, se levanten de cada caída y superen cada obstáculo, conscientes de que es mejor eso que recrearse en los momentos malos que tiene la vida.
¿Qué hacen las personas felices?
Los hábitos de las personas felices marcan gran parte de su felicidad. Estos comportamientos y formas de pensar en realidad no son algo muy complicado, pero no siempre son fáciles de aplicar. Conocerlos y ser conscientes de ellos son el punto inicial para empezar a ser un poquito más feliz.
Pero, ¿cuáles son estos hábitos? En las siguientes líneas veremos cuáles son las cosas que hacen las personas felices.
1. Se tratan con compasión
Muchas personas, cuando no les salen bien las cosas, son muy duras consigo mismas. Esto hace que su sufrimiento aumente y se prolongue en el tiempo, porque no son capaces de aceptar que no todo les va a salir redondo.
Las personas felices se tratan con compasión, puesto que ser alguien compasivo ayuda a gozar de una mejor salud mental, tal y como confirman muchos estudios. Por otro lado, no juzgarse muy duramente es clave para atreverse a iniciar proyectos ambiciosos y estimulantes.
2. Eligen amistades saludables
Los amigos son la familia que elegimos y son personas que pueden hacernos realmente felices. Los estudios científicos han demostrado que uno de los pilares básicos de la felicidad es la amistad, por lo que para ser felices, debemos rodearnos de gente positiva que comparta nuestros valores.
3. Tienen objetivos
Las personas que gozan de mayor felicidad dan sentido a sus vidas con metas y objetivos motivantes. Conocerse a uno mismo y saber lo que realmente se quiere es clave para desarrollarse y sentirse realizado. Eso sí, siempre y cuando estas metas sean realistas; de lo contrario, pueden crear una gran frustración.
4. Hacen lo que les gusta
Según estudios científicos, hasta el 80% de las personas no hacen lo que les gusta, especialmente en lo relacionado con lo laboral. Sin embargo, para ser feliz uno debe hacer lo que realmente le gusta. Este tipo de actividades de las que disfrutamos nos permiten entrar en un estado de flow en el que el tiempo parece no pasar y la tarea absorbe la totalidad de la atención. Y es que hacer lo que nos gusta convierte nuestro tiempo en algo por lo que merece la pena vivir.
5. Viven el presente (aunque también miran el futuro)
Las personas felices, como he comentado, se enfocan hacia el futuro y tienen objetivos realistas. Sin embargo, no se pierden en las expectativas, sino que viven el momento presente, disfrutando de cada paso que dan. Vivir en el presente favorece el bienestar emocional, y por eso en la actualidad tienen tanto éxito algunas herramientas saludables como el Mindfulness.
6. Cambian cuando deben y aceptan cuando no pueden cambiar
Las personas estamos en continuo cambio y, de hecho, es algo natural y saludable. Pero hay ocasiones en las que no podemos cambiar el entorno que nos rodea, y en vez de sentirse frustradas, estas personas lo aceptan y siguen con su vida. Esta actitud madura ayuda a no sufrir innecesariamente.
7. Practican deporte
El ejercicio físico es una de las mejores fuentes de felicidad, porque además de ayudarnos a mejorar nuestra salud física, también nos permiten mejorar la salud mental.
Los estudios científicos demuestran que la práctica de actividad física regular incrementa los niveles de serotonina y endorfinas, dos neurotransmisores relacionados con la felicidad y el placer. Es por eso que entre las cosas que hacen las personas felices en su día a día no puede faltar el ejercicio realizado con periodicidad.
8. Son proactivas
Las personas proactivas suelen ser más felices, pues están constantemente en movimiento, persiguiendo sus sueños y realizando actividades de las que disfrutan. Tener buenas ideas es positivo, pero si estas ideas no se materializan, de nada sirve tenerlas. Ser proactivo es una actitud en la que la persona sale a buscar oportunidades en vez de esperar a que lleguen solas. El individuo asume el control de su vida.
9. Saben perdonar
El perdón es una de las mejores acciones que podemos hacer no solo para otras personas, sino también para nosotros mismos. Saber perdonar nos honra y nos ayuda cerrar heridas. Quienes saben perdonar son más felices, porque el perdón tiene un gran poder sanador a la hora de permitir que nos desprendamos de frustraciones.
10. No culpan a nadie de sus problemas
Para pode ser feliz es necesario solucionar los problemas que acontecen en nuestra vida, en vez de mirar hacia otro lado. Evitar afrontar la realidad no nos permite salir de la zona de confort, un estado mental que puede parecer muy agradable pero que a la larga trae consigo sufrimiento y estancamiento emocional. Para poder cambiar lo que no nos gusta de nosotros, antes de nada es necesario ser conscientes de las causas reales, para así poder solucionarlo.
11. Comen bien
Si hacer deporte también afecta a nuestra salud mental y nuestro estado de ánimo, comer de manera saludable tiene un impacto positivo en nuestro bienestar general, incluido el psicológico.
12. Tienen un gran sentido del humor

Las personas que son más felices suelen tener un gran sentido el humor. Por supuesto, eso no quiere decir que sean prácticamente humoristas profesionales, sino que tienen una gran capacidad de disfrutar de todo tipo de situaciones. A fin de cuentas, los estudios sugieren que el humor libera serotonina, la hormona de la felicidad. Tomarse la vida con humor ayuda a ser más feliz.

miércoles, noviembre 08, 2017

Los 6 hábitos de las relaciones de pareja fuertes

Los 6 hábitos de las relaciones de pareja fuertes


Algo que enseña la experiencia es que las relaciones de pareja no se basan tanto en encontrar a la persona adecuada como con aprender a relacionarse de un modo sano con quien nos quiere. Es poco realista pensar que aquellos noviazgos que funcionan son los que están formados por enamorados que encajan en todos los aspectos (el mito de la media naranja); lo que ocurre, en realidad, es que sus hábitos refuerzan día a día ese vínculo emocional.
No se trata de la esencia de cada uno, se trata de la manera en la que interactuamos. Por ejemplo, hasta el amor más intenso se apaga si no es comunicado, y si la convivencia no sirve para expresar ese afecto.
Así pues, todo depende de nuestras acciones, no de nuestra identidad. Pero… ¿cuáles son esos hábitos que definen a las parejas fuertes? Veámoslo en las próximas líneas.
Del amor platónico al amor real
Aquello que tenemos que hacer para llevar una vida de pareja fluida y sin complicaciones necesarias pasa, justamente, por no confundir a nuestra pareja con ese amor platónico con el que llevamos años fantaseando (muchas veces, incluso desde la infancia). Tener claro esto, y huir de esencialismos, es el primer paso para construir una relación que valga la pena. Al fin y al cabo, utilizar a alguien como representación de algo que queremos amar incluso aunque no exista, nos daña a ambos.
Esto parece muy evidente si lo vemos escrito, pero en la vida real cuesta más discernir esas situaciones en las que caemos en este error. Por ejemplo, querer salir preferentemente con personas que tengan rasgos físicos muy concretos es un ejemplo de amor platónico en una versión débil: nos gusta tanto la idea de salir con alguien con rastas que incluso utilizamos esto como mecanismo de filtrado.
Sin embargo, una vez hemos comprendido que lo importante está en las acciones y no en las etiquetas, aún queda trabajo por hacer. Falta, de hecho, lo más importante: saber cuáles son esos hábitos que fortalecen las relaciones de pareja. En ocasiones, estas costumbres ya aparecerán de manera natural en algunas relaciones, mientras que en otras es necesario hacer algunos esfuerzos para implementarlas.
Los hábitos de las relaciones de pareja fuertes
Para exprimir al máximo las posibilidades de desarrollo de una relación de pareja, y a la vez permitir que esta eche raíces profundas, te puede ser útil seguir las pautas que verás a continuación.
1. La simetría en las conversaciones
Para que una relación fluya bien es necesario conversar con regularidad, dado que esto ofrece la posibilidad de asomarnos por una ventana a los pensamientos del otro y, en definitiva, de conocer en tiempo real sus opiniones, miedos y esperanzas, y empatizar mejor. Sin embargo, este diálogo debe ser simétrico. Es decir, no vale solo con hablar o escuchar, hay que hacer ambas cosas.
Está claro que el encaje exacto no existe, y siempre habrá una persona que sea más propensa a hablar que la otra; lo importante es evitar situaciones en las que el rol de uno de los miembros de la pareja queda reducido al de oyente pasivo, un simple medio para desahogarse.
2. No renunciéis a la vida social
Olvidarse de los viejos amigos cuando se tiene pareja es algo habitual, pero eso no significa que sea positivo. Salir y divertirse en círculos de amistades de toda la vida es una manera perfecta de enriquecer las relaciones, dado que nos permite conocer facetas de la persona a la que amamos que no se revelaban en el contexto del noviazgo o del matrimonio.
Por otro lado, encerrarse en una relación de pareja tampoco es positivo, ya que facilita que se cree una dependencia mutua: como ambas personas han roto los vínculos que las unían a sus amigos, el miedo a que la relación termine puede tomar el control de la situación, ya que en esa caso se estaría en una situación de aislamiento social.
3. Expresar el amor
Esto es básico. Hay personas que, a causa de su manera de aprender a comportarse o por la cultura en la que han vivido durante la mayor parte de su vida, tienden a evitar expresar lo que sienten.
En estos casos es habitual que justifiquen esta postura pensando que lo importante es que el amor es algo que se lleva por dentro y que no se enseña, ya que hacer eso sería considerado banalizar. Sin embargo, se trata de un error, ya que la otra persona no tiene acceso a esas “profundidades” de la mente del ser al que ama, por mucho que esté enamorada.
4. Practicar constantemente el respeto mutuo
Otro de los hábitos de las relaciones de pareja fuertes y consolidadas tiene que ver con actuar en consecuencia con el nivel de respeto que se siente por el otro; ni el humor ni los “juegos” justifican, por ejemplo, la costumbre de gastarle siempre bromas a la otra persona, o ridiculizar su manera de expresar las emociones.
Las relaciones de pareja deberían ser un contexto en el que poder comunicar emociones y sentimientos sin miedo a ser juzgados, y por mucho que estas puedan disfrazarse de “broma” o de honestidad cruda, eso no quita que a la práctica sirvan como escarmiento.
5. Cambiar de aires
Todo lo anterior no sirve de nada si el cuerpo pide romper con la monotonía y el hecho de estar con alguien nos ancla en el mismo lugar. Aunque decidamos sacrificar esa posibilidad para hacer que la relación siga por sus cauces habituales, al final la frustración puede llegar a desbordarnos.
Es por eso que es saludable asumir que una relación no es el sitio habitual en el que dos personas interactúan; es la interacción misma, independientemente de donde transcurra. Rechazar ese mito según el cual la vida de pareja consiste en tener casa, coche, perro e hijos (como si fuesen elementos de un paisaje) es el primer paso; el segundo es vivir aventuras juntos de vez en cuando y, sobre todo, moverse.
6. Repartirse las tareas del hogar

Este detalle parece banal en comparación al resto, pero no lo es. La creencia en la igualdad de los miembros de la pareja se demuestra apostando por un reparto igualitario de las tareas del hogar, que en el caso de las relaciones heterosexuales, suelen consistir en que la mujer se encarga de hacer la mayor parte de ellas.


https://psicologiaymente.net/pareja/habitos-relaciones-de-pareja-fuertes

martes, noviembre 07, 2017

8 consejos para ayudar a una persona con depresión

8 consejos para ayudar a una persona con depresión


La depresión es una enfermedad que afecta al 5% de la población , según estudios realizados este mismo año. Por lo tanto, la mayoría de persona conocen, o incluso conviven con alguien que sufre depresión en mayor o menor grado.
En vistas de estas estadísticas y de las dificultades que esta afección conlleva, es conveniente saber cómo podemos acompañar a estas personas, haciéndoles su día a día un poco más fácil. Por eso, en este artículo repasaremos varios consejos para ayudar a una persona con depresión.
¿Cómo se siente una persona con depresión?
En primer lugar es necesario aclarar que, a pesar de hablar de depresión en términos generales, esta se puede presentar de diferentes formas y muchos grados dependiendo de la persona. Sin embargo, existen una serie de sentimientos o pensamientos comunes que suelen prevalecer en todas las personas afectadas por la depresión.
Asimismo, para poder ayudar a una persona deprimida, o al menos facilitarle las cosas mientras está en proceso de recuperación, es necesario saber primero cómo se siente y qué piensa. Sabiendo cuales son aquellos sentimientos y creencias que inundan la mente de una persona con depresión será más fácil para familia y amigos poder acompañarla.
Algunos de los pensamientos y sensaciones de una persona con depresión son los siguientes.
1. Devaluación de uno mismo, desesperanza y aflicción
El estado de ánimo depresivo se caracteriza por ir acompañado de sentimientos de desesperanza y culpa, sentimientos que provocan una gran aflicción en la persona que los experimenta.
Habitualmente, la persona deprimida piensa que no hay nada que se pueda hacer para mejorar o arreglar si situación, así como también experimenta un gran desconsideración o desprecio hacia ella misma.
Puesto que la persona es perfectamente consciente tanto de su sufrimiento como de la angustia que esto provoca en las personas que le rodean, los sentimientos de culpabilidad por provocar un padecimiento en los demás también son muy comunes.
Todos estas reflexiones acaban ocasionando en la persona una sintomatología de carácter ansioso que se exterioriza mediante palpitaciones, temblores sensación de asfixia y un malestar general muy incapacitante.
2. Necesidad de aislamiento social
Debido a los pensamientos y creencias anteriores, es habitual que la persona que padece la depresión acabe rechazando una gran parte de su vida social y de sus relaciones. Esta necesidad de soledad o aislamiento puede acabar degenerando en una incomunicación casi total y en un abandono personal.
Al mismo tiempo, este aislamiento agrava los sentimientos de desesperanza y desprecio por lo que se convierte en un círculo viciosa para la persona.
3. Sensación de falta de energía
La falta de fuerzas o energía para realizar cualquier tipo de actividad, por sencilla o elemental que sea es una de los principales síntomas o lamentos que refiere la persona.
4. Fluctuaciones y cambios en la sintomatología
Es habitual que las personas que sufren depresión experimenten una serie de fluctuaciones en su estado de ánimo a lo largo del día. Al igual que la intensidad de los síntomas no tiene porque ser estable durante el desarrollo de la enfermedad.
La mayoría de los pacientes refieren que sus síntomas son más leves durante la tarde y que el malestar se acentúa casi siempre por las mañanas. Estos vaivenes cíclicos generan una gran ansiedad en la persona, la cual anticipa e intenta predecir cuándo va a sentirse mal.
Consejos para ayudar a la persona con depresión
A pesar de que los puntos anteriores son solamente una pequeña parte del gran abanico de síntomas, sentimientos y pensamientos que pueden circular por la mente de una persona con depresión, conocerlos puede servir de gran ayuda a la hora de intentar ayudarla y acompañarla durante la recuperación.
Es necesario puntualizar que esto no constituye una terapia y que para que una persona con depresión consiga sobreponerse a ella es necesaria la intervención psicológica mediante un profesional. A continuación se presentan una serie de sugerencias para ayudar a cualquier persona que sufra este tipo de aflicción.
1. Sugerir la ayuda de un profesional
Como se menciona anteriormente, por muy buenas que sean las intenciones de quien pretenda ayudar a una persona deprimida, el acompañamiento y los consejos no profesionales no pueden curar de por sí a una persona con depresión.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que la depresión es una enfermedad que puede llegar a ser muy grave, y que por lo tanto se hace necesaria la intervención terapéutica de manos de un profesional.
En este caso, algo que sí se puede hacer es persuadir a la persona y convencerla para que busque ayuda o asistencia psicológica. Aunque esta tarea no vaya a resultar sencilla es sumamente necesario. Mediante conversaciones tranquilas y con mucho tacto y sutileza, la familia debe insistir en la idea de visitar a un profesional y, si fuera necesario, ofrecerse a acompañarle.
2. Evitar los consejos sobre la vida
Aunque la voluntad de ayudar siempre sea positiva, las sugerencias para animar a la persona mediante consejos para que se sienta mejor, para que reflexione acerca de lo que tiene, o a través de invitaciones continuas para salir y realizar actividades son absolutamente ineficaces, llegando incluso a ser contraproducentes y provocando más malestar en la persona.
3. Mantenerse a su lado
Dicho lo anterior, aquello que realmente necesita una persona con depresión es que las personas que le rodean se muestren empáticas, que manifiesten su comprensión y que puedan estar a su lado cuando lo necesiten.
4. Reforzar sus puntos fuertes
Debido a disminución de la autoestima y a la infravaloración que sufre, la persona deprimida tiende a rechazar y no admitir los avances que realiza durante el proceso de tratamiento. Estas personas tienden a destacar sus deficiencias o carencias y a obviar su potencial y sus éxitos.
Para ayudarle, es vital que sus círculos más cercanos sean capaces de poner énfasis en aquellas habilidades, capacidades o éxitos que posea la persona.
5. Respetar su silencio
No tiene ningún sentido obligar o forzar a una persona con depresión para que hable o transmita lo que siente, así como para que esta sea sociable, dado que no es algo que esté bajo su control. Este tipo de intentos de acercamiento suelen provocar más tensión y sentimientos de incomprensión en la persona.
6. Transmitirle esperanza
Los sentimientos de desesperanza asociados a la depresión encierran a la persona en un túnel del cual no es capaz de ver la salida. Por lo tanto, es aconsejable que los familiares o personas que le rodean le transmitan, mediante un discurso coherente y sin ser exageradamente optimista, que a pesar de que ahora no sea capaz de verlo sí existe una salida.
Es necesario convencerle de que la depresión es una enfermedad con tratamiento y cura y que si sigue las pautas de la intervención conseguirá mejorar.
7. No solicitar explicaciones
En muchas ocasiones, y con la intención de intentar comprender qué le pasa para así poder ayudar, se presiona a la persona para que intente contar qué le ocasiona este sufrimiento. Sin embargo, la depresión no es una enfermedad causada por un solo factor, y en la mayoría de ocasiones ni tan solo la propia persona sabe qué le ha llevado a tal extremo.
Por lo tanto, pedir explicaciones racionales cuando la persona no se encuentra en una situación racional no tiene ningún sentido, y solamente desencadenará sentimientos de frustración e irritación.
8. Cuidar la propia salud emocional
Finalmente, es necesario que quien acompañe a la persona deprimida a través de su recuperación sea capaz de esquivar los posibles efectos psicológicos que esto pueda provocar.

Los estados anímicos depresivos pueden llegar a ser contagiosos si la persona no es consciente de ello. Ver sufrir a alguien querido puede desencadenar un gran malestar emocional por lo que la persona debe estar protegida ante este posible riesgo.

https://psicologiaymente.net/clinica/consejos-ayudar-persona-con-depresion